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La ansiedad puede ser tu aliada

Recuerdo una escena en concreto como si fuera ayer, aunque en realidad han pasado ya algunos años. Como doce o trece. Entraba en mi librería habitual. No recuerdo qué libro iba a buscar ni si lo acabé comprando finalmente.

Lo que sí recuerdo es que me sentía igual que en la aterradora cueva de un monstruo. Recuerdo también la aplastante sensación de no controlar ni mi cuerpo ni mi mente.

Mis pensamientos iban tan deprisa que mi cuerpo, mis palabras y mis gestos, no podían seguirle. Me quedaba bloqueda, paralizada.

Las imágenes mentales que me acosaban eran inquietantes e inconexas.

En términos generales, era como si me sintiera totalmente fuera de lugar, extraña e “incorrecta”, de algún modo. Me daba vergüenza estar allí rodeada de gente, o cruzar una simple mirada o palabra con el dependiente.

Al mismo tiempo, no me reconocía sintiéndome así. Y sabía que no tenía sentido.

Había ido mil veces a esa misma librería y me había sentido totalmente cómoda charlando con los empleados, comentando libros o preguntando sobre ellos. No me había privado de pasarme una hora o más hojeando libros  y paseándome por la tienda.

Pero eso no  me aliviaba en ese momento. Más bien al contrario.

Cómo sabía que no tenía razón de ser, luchaba contra esa sensación. Me resistía. Y ésta, lejos de cesar, aumentaba. Supongo que sabes a lo que me refiero.

Mi discurso mental enloquecía; entraba en modo “circular” y alcanzaba una velocidad insostenible.

Aparecían mil pensamientos absurdos de peligro, crítica y culpa.

Lo peor era la humillación que sentía en esos momentos. Me sentía humillada ante mí misma. Era como si no me reconociera, no supiera quién era.

No podía pensar con claridad y me volvía tremendamente torpe. Nada fluía de forma natural.

Llegué a pensar incluso que tenía una enfermedad mental o que había perdido mis facultades intelectuales.

Y lo pensé muy en serio.

En realidad, esto pasó muchas veces durante aquella época. En diferentes escenarios y momentos.

De hecho, tengo recuerdos muy dolorosos. Sin embargo, no voy a extenderme más con eso.

Lo que sí quiero destacar es que ésto se convirtió en un círculo vicioso:

Cómo interpreté eso que me ocurría como algo negativo, empecé a resistirme y a luchar contra ello de todas las formas.

Y como me resistía, le daba fuerza. 

Cada vez le tenía más miedo a esta experiencia y, sin querer, propiciaba que me ocurriera más a menudo.

Con los años, aprendí que sólo hay una forma de revertir un círculo vicioso así: dejar de resistirse.

 

Aquello a lo que te resistes, persiste

Solemos reaccionar así de forma instintiva: Luchamos contra aquello que juzgamos como “malo” o “negativo”. Parece lo más sensato y adaptativo.

Sin embargo, mi experiencia es que, en muchas ocasiones, esto es contraproducente. Especialmente para cuestiones más emocionales y personales.

Por ejemplo, cuando algo nos da miedo y no queremos sentir ese miedo, resistimos esa emoción y evitamos las situaciones que relacionamos con ese sentimiento. ¿Consecuencia? Acabamos teniéndole miedo al miedo. Todo se complica más y más. En este post, te propongo otra alternativa a esta dinámica.

La resistencia que puedes estar ejerciendo sobre tu ansiedad, incrementa esa ansiedad.

Para mí, la ansiedad no es el problema en sí, si no que es un síntoma de otros aspectos más sutiles e inconscientes que no marchan bien en ti.

De este modo, la ansiedad se convierte en un indicador que te puede guiar en aquello que necesitas reconciliar o sanar en tu interior.

Así pues, la ansiedad puede ser tu aliada, si tu se lo permites.

Para eso, necesitas abrirte a sentirla y escuchar el mensaje que tiene para ti. En este vídeo especialmente dedicado a Desansiedad, Sergi Torres lo explica de forma muy clara y cercana.

Te sugiero dos pequeños pasos para empezar a hacer esto:

 

  • Primer paso:

Deja de alimentar tu juicio negativo de la ansiedad. Deja de ubicarla en tu mente con esa etiqueta de “enemigo” o “peligro” y relájate. Atrévete a mirarla de frente, con el corazón abierto.

 

  • Segundo paso:

Deja de enfocarte en los factores externos que parecen provocar tu ansiedad y céntrate en ti mismo. En aquello que hay en tu interior y responsabilízate de ello de forma honesta.

O, dicho de otro modo: Utiliza la ansiedad para verte a ti mismo en mayor profundidad a través de ella.

Esto nos lleva al siguiente punto…

 

Todo se reduce a la relación que tienes contigo mismo

Sé que lo que voy a sugerirte ahora implica una gran apertura al principio. Un sobreesfuerzo inicial de atención para no dejarte llevar por la inercia habitual de tu mente. Por el modo automático en el que suele funcionar.

Pero puedes hacerlo. Además, ya sabes a dónde te lleva el camino habitual de tu mente. Así que… ¿por qué no explorar nuevos “territorios”?

Vamos allá:

El mundo que ves y todo lo que sientes al respecto, sólo muestra la naturaleza temerosa de la imagen que has fabricado de ti mismo.

O dicho de otra manera:

El mundo no es como es, si no como tú lo ves a través de tus ojos. Y es a través de tus ojos que te ves a ti mismo. Así que el modo en que te ves a ti mismo y el modo en que ves el mundo, tienen mucho que ver entre sí.

Por muy real y objetiva que te parezca tu experiencia del mundo externo.

Por ejemplo: 

  • Cuando te atemoriza algo, en realidad lo que te asusta es la desconfianza que tienes en tu capacidad para afrontar la situación.

  • Cada vez que lanzas un duro juicio o crítica contra algo o contra alguien, esto no hace sino reflejar la mentalidad rígida con la que te relacionas con todo. Y para empezar, contigo. Es imposible que tu discurso interno escape de esa dureza. Así que si juzgas, también te juzgas, y viceversa.

 

Si quieres sanar tu vida y el modo en que la vives, lo primero que necesitas sanar es tu relación contigo

Para ello, debes conocerte. O, más concretamente, necesitas recordar quién eres en realidad.

Necesitas reencontrarte con “ese” que nunca has dejado de ser, pero que se ha visto eclipsado por el personaje limitado que tú mismo has creado y con el que te has identificado.

Y el único modo de hacer esto es dejar ir esa imagen que has construido. De hecho, Fabiola habla de esto mismo en este valioso post. Lo llama evolucionar (que es algo más que cambiar; es trascender los límites autoimpuestos e ir más allá de ellos).

Te sugiero dos modos de empezar a hacerlo:

 

  • Cuestiona tu percepción

Empieza por cuestionar cada pensamiento, cada juicio y creencia que acuda a tu mente sobre ti mismo; en tu discurso interno.

Cuando acudan a tu mente ideas que respondan a la imagen limitada que tienes de ti, ya sea de forma general o más en relación a la ansiedad, puedes hacerte preguntas de este tipo:

  1. ¿ Es esto que estoy pensando de mí mismo, objetivamente cierto?
  2. ¿Esto que creo que va a ocurrir, es necesariamente cierto, o podría ocurrir de diferente modo?
  3. ¿Y si esto no fuera del todo verdad, o pudiera ser de otra forma?
  4. ¿Cómo puedo averiguar hasta qué punto es verdad esta idea, o me estoy basando en prejuicios?

 

  • Empieza desde el principio

Y el principio no es, al contrario de lo que puedas estar pensando, el recuerdo más antiguo de tu niñez. El principio es el ahora.

Empieza a cuestionar la imagen que tienes de ti mismo ahora; en este preciso instante. Y en todos los “ahoras” en los que te des cuenta de que recurres a esa imagen.

En el ahora es el único momento en el que de verdad puedes abrir una brecha para que empiece a resquebrajarse la idea falsa que tienes de ti. También es el único momento en el que empieza a deshacerse de verdad tu vinculación con la ansiedad, que en el fondo es lo mismo.

Al fin y al cabo, aquel que es víctima de la ansiedad es el personaje que has creado y con el que te identificas. No tu yo esencial.

El ahora es el único momento de poder, porque es el único momento que existe.

 

El tiempo no existe, tu ansiedad tampoco

Espero no ofenderte con esta afirmación. Respeto profundamente tu dolor, si es que te sientes invadido por la ansiedad en estos momentos. Sé como se vive, y la fuerza que puede alcanzar la vorágine en la que te sientes atrapado.

Sólo intento abrir una ventana para que entre la luz en ese túnel en el que te encuentras.

Y sólo puedo hacerlo si te muestro que la ansiedad no es tan real ni tan poderosa como tú crees.

Si te fijas, tu ansiedad se alimenta de tu identificación con el tiempo. O, por decirlo de otra manera, de tu falta de atención en el momento presente. Tu ansiedad crece cuando te atrapas en el pasado o en el presente.

Veamos:

  • Cuando te centras en el pasado:

Cuando te identificas con esa imagen que tienes de ti mismo (esa persona ansiosa que crees ser) te basas en experiencias pasadas, que ya no están presentes (ya no existen, en realidad). Es más, te basas en tu interpretación de las mismas (que juzgas y catalogas esas vivencias de forma bastante subjetiva, seguramente).

 

  • Cuando te centras en el futuro:

Cuando te adelantas a los acontecimientos constantemente e intentas controlar las situaciones, de alguna manera, para que sean como tú consideras que deben ser y así sentirte más seguro, realmente no te permites vivir cada momento relajadamente. No te permites saborear cada instante y disfrutarlo. Tu ansiedad crece, al contrario de lo que tú pretendes.

 

Tu poder está en el ahora

Saltas del pasado al futuro constantemente sin detenerte a penas en el presente. Y eso, que en realidad es un intento de defenderte de tu ansiedad, te ancla a ella.

El presente es el único momento de poder, porque es el único en el que puedes conectar con tu yo esencial; con ese ser que está más allá de tu imagen mental de ti mismo.

En el presente te abres a confiar en ti y en la vida. Pero es un gesto tan sencillo que a nuestra compleja mente le sabe a poco y suele volver a atraparse en el tiempo.

Sólo te animo a que lo hagas ahora:

Permítete durante un instante soltar tu repaso mental del pasado, tu control del futuro… Simplemente respira relajado unos segundos y disfruta de ti mismo.

Es sencillo, pero poderoso.

Esta percepción consciente abre de forma natural en tu mente la puerta de la gratitud, del amor y el coraje. Hazte ese regalo. Hazlo ahora.

 

Mi invitación para ti

Y ya sólo me queda invitarte a visitarme en mi web, y “quedarte”, si te apetece. Puedes suscribirte aquí y compartiré contigo contenido relacionado con la creación de un vínculo cada vez más íntimo y cotidiano con tu yo esencial. Y te acompañaré en la toma de decisiones  coherentes con tu verdadero ser.

Y, si te apetece aportar tu punto de vista o experiencia, estaré encantada de charlar contigo a través de los comentarios.

Cristina Hortal
Acompaño a personas hacia un autoconocimiento progresivo, para que descubran sus condicionamientos y límites inconscientes y puedan dejar de identificarse con ellos. Les guío a que utilicen esa liberación para tomar decisiones valientes más en coherencia con quiénes son de verdad. Soy autora de www.cristinahortal.com y de tres libros de temática afín.

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