La sabiduría de la vida

¡Ay qué ganas dan de meter las manos y resolver los asuntos de nuestros pequeños! Sobre todo en esas ocasiones en que estamos convencidos de saber cual es el paso correcto, según nosotros. Así como: “Hijo, haz cómo te digo”, “Dile esto a tu amiga la grosera!”, “defiéndete de esta forma!”, “Vístete así y no asado”, “Cuando estés triste no hagas esto”.
La sabiduría de la vida, ayuda a tu hijo a encontrar su forma de vivir

¿Una receta para la sabiduría?

Todos estos consejos y sugerencias nacen de nuestra propia fórmula personal de algo así que yo llamo sabiduría vernácula. Imagínala como una receta, que has desarrollado a lo largo de los años. Gracias a todas las experiencias que has tenido, fuiste descubriendo los ingredientes necesarios para que más o menos te sientas segura y a salvo y funcionando en la vida.  Seguramente,  esa receta efectiva es valiosísima para ti, aunque no necesariamente lo es para tu hijo. 

Él tiene que hacer su propia receta, a lo largo de su vida irá descubriendo que ingredientes le conviene usar.  Su receta puede ser muy diferente a la tuya, y eso está bien, porque tú y él son dos personas distintas en situaciones diferentes.

Aquí lo importante es que él haga su propia receta, y que cuente con tu apoyo y aprobación para practicar, equivocarse y corregir. Recuerda que equivocarse es parte del proceso y lo que nos toca es seguir apoyando para que siga intentando.

Ahora, si  criticamos su fórmula, lo regañamos por fallar, y/o  le pedimos que mejor  siga la nuestra, tardará más tiempo en encontrar los ingredientes útiles para él. Incluso podría tener ya una buena receta y no usarla porque dude de ella. 

Por supuesto que puedes ayudarle a conformar su receta, es más aún cuando quisieras no hacerlo seguramente dejarás una huella. 


Cómo lo ayudo a desarrollar su propia fórmula. 

  1. Más que decirle que hacer o qué no hacer, invitalo a reflexionar de forma que note que estaba intentando, que esfuerzos hizo y que tan efectivos fueron. 
  1. Y por último pregúntale, ¿qué te gustaría intentar la próxima vez, para tener un resultado diferente o un resultado que se acerque más a tu objetivo? 

Siguiendo con la metáfora, por supuesto que puedes acercarle ingredientes, o sea darle sugerencias, tips, estrategias, compartirle tus experiencias, solo recuerda que el niño tiene la última palabra en su receta.  Será su decisión usarlas o no. 

Claro que cuando se trata de límites y reglas que tu sabes que lo mantienen a salvo, no toca más que hacerlos cumplir. Y si no los cumple, igual ayúdale a reflexionar: ¿qué intentabas?, ¿qué querías lograr?, ¿cómo lo puedes lograr sin romper las reglas de casa? 

Y para que tengas el mejor resultado, permite que sus actos tengan consecuencias naturales, así podrá medir el efecto real  de sus ingredientes. Y posterior a esto, nuevamente invítalo a reflexionar. 

Reflexionar no es echar choro, rollo, discurso eterno, sino hacer la preguntas: ¿qué querías hacer? ¿qué intentabas?, ¿te funcionó?, ¿que puede ser mejorado?, ¿qué puedes intentar diferente la próxima vez? 

Espero que esta información te sea de utilidad.


Gratuito

Lo primero que necesitas saber de la ansiedad

Comprende por qué y para qué estás teniendo ansiedad. Es una guía gratuita que te da respuesta a las principales preguntas de la ansiedad
Ebook gratuito Lo primero que necesitas saber de la ansiedad
Gratuito

Educando a nuestros hijos a través de la conexión

Te acompañamos a entender cómo puedes generar un vínculo estrecho con tus hijos para beneficiar su desarrollo.
Ebook Desansiedad Educando a nuestros hijos a través de la conexión
No estás solo

Obtén ayuda profesional de quienes han superado la ansiedad