Recaídas

Fabi, ¿has vuelto a tener ansiedad? ¿cómo le haces para no tenerla?

Escrito por
Psic. Fabiola Cuevas
Psic. Fabiola Cuevas

Respondiéndoles a la pregunta Fabi, ¿has vuelto a tener ansiedad? ¿cómo le haces para no tenerla? o que si yo realmente me curé de la ansiedad o si han regresado las crisis de pánico… quiero platicarles cuál es mi visión actual ante la ansiedad y mi vida en general en relación a estos temas.

Desde el 2009 que tuve ataques de pánico no he vuelto a tener ni uno sólo, tampoco he vuelto a sentir la despersonalización ni la angustia por morir ni el miedo a morir, tampoco me he vuelto a sentir desconectada del mundo y con esa sensación de que “algo anda mal”, no he vuelto a sentir la opresión en el pecho que me impedía respirar y temiendo por mi vida creyendo que estoy a punto de morir.  Ahora, sí he vuelto a experimentar ansiedad, pero en niveles leves, y en el embarazo sí tuve taquicardias pero las viví tranquila, sin perturbarme por ello, y duraron muy poco gracias a que supe qué hacer para recuperar mi equilibrio; bajarle al ritmo y disfrutar de lo que estaba viviendo.  Les puedo decir que yo no le tengo miedo a la ansiedad, pero sí estoy consiente de que necesito cuidarme a mí misma con amor, y no retomar las actitudes mentales y los hábitos inconscientes que me generaron ansiedad en un inicio. Normalmente yo sé muy bien lo que necesito hacer conmigo para mantenerme en equilibrio y reubicarme en momentos que me siento tensa o estresada, y también tengo momentos en los que no tengo la más remota idea de lo que necesito, y entonces visito a mis maestros, voy a terapia, busco en los libros….Pero todo esto lo hago con gusto y sin pesar, gracias a que aprendí de la ansiedad la importancia de estar en equilibrio.  Y no lo hago para “evitar llegar a la ansiedad”, sino porque así disfruto más de mi vida.Y además, gracias a Mindfulness, he conectado con mi cuerpo y escucho cuando tiene algo que decirme, y en cuanto me doy cuenta que traigo alguna tensión o desequilibrio, hago un alto y me pregunto qué traigo, y ya sea que exprese lo que siento o me vaya a nadar, me regale un masaje o me ponga a escribir…hago algo para que no se siga aumentando la tensión. No creo que se trate de “ya me curé y me olvido del asunto, regreso a mi vida de antes”, se trata de curarte, aprender a amarte, seguirte amando y llevar una vida más consiente de tus necesidades, y seguramente así sí que te puedes olvidar del asunto. Yo no pienso en que me pueda dar ansiedad a cada rato, sólo pienso en la ansiedad porque me dedico a esto y me apasiona la mente humana. Pero la ansiedad en mi vida no es algo con lo que aprendí a vivir, tampoco es algo que me la vivo evitando o controlando, llevo una vida totalmente normal, no evito ir a lugares que me recuerden a la ansiedad, cuando me encuentro teniendo un miedo en ese momento lo enfrento o lo más pronto posible.  Digamos que no me considero una persona “ansiosa”, tampoco me considero “depresiva” como lo hacía antes.  Para mí ha sido muy importante saber realmente quién soy además de esas etiquetas y dejar de verme a mí misma como perturbada, complicada y existencialista. Simplemente desarrollé ansiedad y depresión en diferentes momentos de mi vida, pero no nací con ellas, por eso, mi interés en compartir cómo regresar a nuestra esencia, pues viviendo desde ahí, desde tu esencia, dejas de tenerle miedo a estas emociones.  La ansiedad para mí fue una gran maestra, una aliada, y si en algún momento la empiezo a experimentar en sus leves intensidades, no me asusto, escucho lo que me tiene que decir de por qué se está generando y me readapto y modifico mi rumbo en donde ya no me funcionaba algo que estaba haciendo. Ahora, amigos, soy humana, soy escorpión y soy 4 en el eneagrama jeje (o sea siento mucho), además, soy mamá primeriza y trabajo desde casa, (para quienes sepan qué es esto saben de lo que hablo), pero bueno, con el simple hecho de ser humana en constante proceso de evolución, claro que siento emociones intensas, claro que lloro si tengo que dejar ir a mi perra de regreso porque no podía con todo, claro que me enojo y frustro si tengo un problema con mi esposo, claro que me estreso cuando mi hijo llora en cada cambio de pañal…claro que sigo sintiendo, pero así mismo siento plenitud al respirar el aire fresco en mi jardín, me siento conectada con quienes me rodean, río y canto y bailo y amo lo que hago. Sé que no todo lo que siento, por más intenso que sea es ansiedad, y por lo mismo no me asusto de sentir, reconozco mi vulnerabilidad y disfruto de ella, pero ya no caigo en mentiras de mi mente, y para mí, esa fue la vacuna para no dejarme generar los ataques de pánico, pues observo mi mente y me doy cuenta cuando estoy “pensando chueco”, acepto la realidad antes de dejarme guiar por el “es que así lo siento”, y así me evito caer en mentiras más grandes.He aprendido a vivir una vida intensa pero no desde el dolor, la oscuridad y la melancolía, no desde el conflicto, sino desde el reconocer los misterios y milagros de la vida diaria, y con eso me es suficiente para inspirarme a escribir un poema o quedarme viendo al infinito cuestionándome el sentido de nuestro paso por aquí en la Tierra, sin angustia pero sí con asombro y admiración. Finalmente, les quiero compartir que la ansiedad tiene muchos niveles de intensidad, no llegamos al extremo de un día para el otro, va en ascendente, nuestro cuerpo y nuestras emociones nos avisan cuando vamos hacia allá en los primeros niveles, y si aprendemos a identificarlos (a través del autoconocimiento), y a la par llevamos una vida que disfrutamos, que elegimos con conciencia y responsabilidad, pues entonces no tenemos por qué volver a caer en la ansiedad (moderada o elevada). Yo digo. Esta es mi experiencia, pero tú necesitas encontrar tus propias respuestas y tu propia guía para reconocer qué necesitas hacer para disfrutar más de tu vida: con todo y emociones, con todo y tu vulnerabilidad, con todo y los retos que la vida te presenta y sobre todo, con todo el placer y el disfrute por vivir. 

 Estoy convencida que la vida está en constante movimiento, como un subí baja por el que nos vamos moviendo, pero a pesar de tener momentos de euforia y después momentos de melancolía, hay una línea en medio que permanece, que te mantiene en tu centro a pesar de los cambios internos y externos, y ésta línea es tu conciencia que observa lo que te sucede, sintiendo lo que sientes pero sin engancharse, manteniéndote en un área “segura” sin caer en ansiedad o depresión (los extremos del subí baja).  Y he aprendido a estar en ésta línea, sabiendo que todo es momentáneo y que todo me trae un aprendizaje para que me acerque más a mí misma, para que me conozca más a mí y elija en cada momento quién quiero ser y cómo quiero vivir. Y así, me desapego del pasado y ni me agobio por el futuro pues de por sí el presente ya contiene muchísimo por entender y por hacer. Y es así que me mantengo en equilibrio a pesar de los cambios: haciendo altos, conectando conmigo, haciéndome mi prioridad, compartiendo mi amor con los demás, dejando de hacer cosas por compromiso, reconociendo mis límites de “sobrecarga”, y aceptando cuando ya no puedo, pidiendo ayuda, tomando descansos, soñando, ilusionándome y sobre todo, viviendo en el presente, queriendo a mi cuerpo, agradeciéndole a la vida por todo lo que contiene (“bueno o malo”), confiando en la abundancia y perfección del Universo en todo lo que me rodea, ampliando mi conciencia con libros conscientes, viviendo mi espiritualidad, desprendiéndome de lo aparente, viendo el trasfondo, sabiendo que cada quien actúa desde su experiencia y su proyección, sin regañarme, sin reprocharme, sin exigirme por ser diferente, amando como soy, dando mi mejor esfuerzo pero hacia donde está puesta mi intención, una intención que me lleva a conectar con mi esencia y mi más alto bien.Y en medio de todo esto, dejándome sentir el dolor en los momentos difíciles, dejándome ser humana cuando me enojo con alguien, gruñiéndole al vacío cuando me gana la frustración, durmiendo 10 minutos más porque estoy agotada al despertar, haciendo berrinches cuando quiero que algo salga como yo quiero…en fin, en medio de todo esto me permito ser humana para después hacer un alto y reconocer que… lo sigo siendo.Y creo que lo más importante, es que reconozco que no soy perfecta en el sentido que consideraba a la perfección (siendo feliz todo el tiempo, productiva, sin frustrarme por la forma de ser de los demás). Simplemente reconozco que yo y la vida somos perfectos así como somos, y si un día tengo un momento de frustración, enojo o tristeza, lo vivo y no le doy más vueltas, lo dejo pasar, sólo aprendo de ello, y me asombro que con el paso del tiempo que estos episodios cada vez duran menos y son más espaciados entre sí.Y claro que tengo mucho en lo que necesito enfocarme para seguir mi evolución, claro que tengo muchísimas áreas de oportunidad, pero no son defectos y tampoco me hacen estar incompleta, simplemente quiero trabajar en ellos para cuidar más de mi cuerpo por ejemplo, para que no esté tan cansada por las mañanas o con dolores de cabeza repentinos. Pero… creo que es parte de vivir, ¡y está perfecto! con todo y esto decido seguir viviendo la vida que yo estoy convencida que elijo en cada momento. 

Y algo importante que te quiero decir es que tampoco se trata que tu ideal sea “jamás volver a tener un ataque de pánico otra vez”, porque te estarás generando mucha presión a ti mismo. Simplemente piérdele el miedo a los ataques, date cuenta que no son peligrosos, y entonces dejarás de generar esa tensión y probablemente no los tengas, pero, si los llegaras a tener, o si yo los llegara a volver a tener… claro que será difícil pero no imposible recuperar mi equilibrio y volver a aprender lo que sea que tenga que aprender en ese momento.

¡Gracias por leerme!  Un abrazo!

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