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Paternidad y ansiedad

¿Te sientes mal por no dedicarle tiempo o estar al 100 con tus hijos por tener ansiedad?

Escrito por
Psic. Fabiola Cuevas

Existen varias razones por las que nos podemos sentir culpables de no dedicarle el tiempo, presencia o atención suficientes a nuestros hijos, y uno de ellos, claro, es estar inmerso en el propio proceso de la ansiedad, que nos lleva a sentirnos desconectados o aislados emocionalmente de quienes nos rodean, y con la atención más puesta en nosotros.

Razones por las que nos sentimos culpables de no estar al 100 con los hijos

Entonces, primero te quiero platicar sobre algunas razones por las que te puedes estar sintiendo culpable:

  1. Piensas que no es válido o correcto dedicarte tiempo a ti, cosa que la ansiedad te pide hacer
  2. Trabajas mucho tiempo y realmente llegas a casa tarde, y objetivamente estás poco tiempo con tus hijos
  3. Tenías la expectativa idealizada de que ser mamá o papá, era realmente pasar todo el día con tus hijos y te da culpa hacer algo para ti o alejarte tantito
  4. Estás experimentando ansiedad por separación (normal en estos procesos de ser mamá)
  5. Te estás exigiendo demasiado en cuanto a cumplir a la perfección un rol de mamá imposible por alcanzar
  6. Y claro, experimentar ansiedad te tiene emocionalmente alejado de las personas que amas

Si trabajas en resolver estas cuestiones, y modificas algunas ideas que traes albergadas por ahí... verás que podrás sentirte mejor en relación a tus hijos. Recuerda que los problemas son retos a resolver, no situaciones de las que somos víctimas.

Culpa por tener ansiedad y no aprovechar a tus hijos

Me gustaría platicar primero sobre esta posible causa y explicarte que cuando tenemos ansiedad, de cierta forma estamos separados de nuestro cuerpo, y con esto, de nuestras emociones, y con esto de la posibilidad de vincularnos con quienes nos rodean.

A pesar de que sientas muchas cosas en tu cuerpo y mucha intensidad emocional, en realidad, nuestra mente no está en el presente, está en los miedos, en los pensamientos negativos y en el futuro.

Esto nos desconecta afectivamente de las personas que nos rodean, a dudar de nuestro amor por ellos, a sentirnos culpables por no estar ahí presentes e inclusive a dudar de nuestra integridad y valor como persona al sentirnos así, siendo que simplemente, la realidad es que estás desconectada.

Además de esto, tener ansiedad nos lleva a de cierta forma, obligarnos a ponernos más atención a nosotros, a ensimismarnos como decimos, a volcarnos hacia nosotros y lo demás pasa a segundo plano.

Esto es porque tienes emociones por descargar, sensaciones desagradables que te impiden poner atención a tus hijos, que te impiden conectar emocionalmente con ellos, pues claro, ¡es lógico! estás pasando por un momento difícil contigo mismo.

Así es que primero que nada quiero sugerirte que intentes bajarle a la culpa y a la exigencia, al juicio de que eres una mala mamá o un mal papá por estar teniendo ansiedad. ¿Te culparías igual si tuvieras gripa? ¿si tuvieras que estar en cama porque te lastimaste el pie? ¿Verdad que no?

Tener ansiedad no te hace débil, ni menos ni mala persona, mucho menos mala madre o padre

El problema es que interpretamos que tener ansiedad es de débiles, que no deberíamos de tenerlo, inclusive pensamos que somos malas personas por atrevernos a sentirnos mal. Y no comprendemos que es algo importante que nos está pasando, que sí necesita atención, que sí necesita apoyo profesional y que necesitamos de tiempo para sanar.

A medida que hagas las paces con el hecho de que necesitas dedicarte tiempo a ti mismo y a ti misma, podrás aprovechar mejor el tiempo que le dedicas a tus hijos.

Yo sé, quieres aprovechar más a tus hijos, jugar con ellos, verlos crecer

Al final del día esta es tu necesidad, y no es tanto que “tengas que ser una mamá o papá perfecto” sino que quizás en el fondo quieres pasar más tiempo de calidad con ellos, sentirte en paz cuando estás a su lado ¿cierto?

Entonces, si el objetivo es este, úsalo como motivación para dedicarte ese tiempo a ti e invertir en tu salud mental y emocional, para que regreses a casa más tranquila o tranquilo, (o salgas de tu habitación después de tener tu sesión en línea o hacer tu tarea de la terapia) y puedas conectar con tus hijos, aunque sea un momento de 20 minutos.

A lo que voy es que te será más fácil conectar y estar presente con ellos, si previamente vacías la carga emocional, si haces tus relajaciones y de cierta forma cubres esa necesidad de ponerte atención y estar contigo.

Puedes hacer un acuerdo contigo

Recuerdo cuando mi hijo era bebé, de repente me entraban ansias por irme a trabajar, por irme a lavar la ropa y me empezaba a sentir inquieta al mismo tiempo que estaba jugando con él. Fue ahí que empecé a implementar lo de “primero hago lo que necesito para mi y así estoy más tranquila para estar con él”, pero a veces no sucedía así… y entonces, en ese momento, hacía acuerdos conmigo como por ejemplo:

Jugaré con él 45 minutos, luego será su siesta y luego haré eso que quiero, pero tranquila, que sí lo haré aunque sea en la noche.

El punto es hablar contigo mismo y contigo misma, y hacerte saber que sí te irás a relajar, o a hacer eso que estás necesitando, pero que mientras, pondrás toda tu atención en ese momento presente. Pues lo que no nos ayuda a nadie, con o sin ansiedad, es estar en un lugar queriendo estar en otro.

No eres mala madre ni mal padre por tener ansiedad

Me gustaría hacer énfasis en este tema, pues en general cuando tenemos ansiedad interpretamos que somos malas personas, que hay algo mal en nosotros, que somos menos, deficientes o algo por el estilo. Esto sucede porque no hablamos lo suficiente de la ansiedad y porque hay muchos estigmas hacia las cuestiones de salud mental.

Pero al ser papá y mamá, llevas esta interpretación hacia el mundo familiar y entonces concluyes equivocadamente que eres mal papá y mala madre por tener ansiedad, como si el amor que le tienes a tus hijos tuviera que ser suficiente para que nunca estuvieras triste, como si tener la familia que quieres o un bebé tendría que ser razón suficiente para no sentir ansiedad.

O sea, pensamos que ser mamá y papá es un gran regalo, y lo es, y equivocadamente pensamos que con eso basta, que con eso tendría que ser suficiente para ser felices en la vida.

Y aquí el gran aprendizaje es que los hijos no nos dan la felicidad, nadie nos la da, proviene de nuestro interior, de nuestra mente, de cómo manejamos nuestras emociones y de cómo llevamos en general nuestra vida, nuestros tiempos, nuestras prioridades.

Por eso muchas mamás en el postparto se deprimen al ver que no se sienten radiantes y felices (lógico, normal) como en las revistas sale que tendríamos que sentirnos, e interpretan que “algo he de tener mal por sentirme así de triste si acabo de ser mamá”.

¡Y pues no! no por ser mamá o papá ya tienes asegurada la felicidad, claro que vas a recibir muchisisisimos momentos ancla y sostén que te ayudarán a recibir shots de felicidad y plenitud, claro que es una experiencia profundamente satisfactoria, pero… a pesar de ser mamá y papá, existen las hormonas, los traumas, el auto descuido, los conflictos emocionales y las creencias contraproducentes que nos pueden llevar a experimentar ansiedad, a pesar de tener todo lo que deseas en la vida.

Así es que… ¿qué puedes hacer?

Primero que nada, baja la exigencia

Así es que lo primero es quitarte el juicio de que eres una mala madre o mal padre por tener ansiedad. Y después, bajar la exigencia a ser la madre o el padre perfecto, siempre presente, siempre feliz, siempre… irreal.

Abraza tu humanidad con todas tus facetas, permítete estar cansada, acostarte un rato, decir “me siento un poco triste, tengo ansiedad… me voy a relajar un rato”, permítete SER, como sea que estás siendo ahora, y no te juzgues por ello.

Dedícate tiempo para cubrir tus necesidades

Si estás presentando ansiedad o estrés, tu necesidad es tener momentos y espacios de relajación, de encuentro contigo mismo, de terapia, de hacer alguna actividad que no tenga que ver con la casa y los hijos (si, eso es terapéutico) de salir con alguna amiga a platicar, de acostarte temprano, de comer a tus horas…

O sea, hazte tu prioridad, y verás que haciendo esto, tendrás el equilibrio y las fuerzas que necesitas para después poder conectar y poner atención a tus hijos.

Haz un plan donde tengas espacios de convivencia de calidad

Incluye en el día aunque sea media hora de juego libre con tus hijos donde dejes el celular afuera de la habitación, te sientes en el piso y te entregues al 100% al juego que tu hijo o hija quiera hacer, míralo a los ojos, jueguen a aventarse en la cama, pon música y pónganse a bailar… entrégate al juego y a través de él, podrás volver a conectar con tu hijo.

Esa conexión relajará a tu hijo y te saciará la culpa… pues sentirás que ahí está la conexión, el vínculo que se mantendrá a pesar de la misma ansiedad.

La palabra clave es: presencia

Haz un plan donde puedas estar presente, y si de repente te viene la sensación de ansiedad o malestar, permítela pasar, dile que te acompañe ahí mientras juegas con tus hijos, no pretendas estar perfecto para poder disfrutar, disfruta con todo y ese malestar.

Aprovecha para cambiar tu concepto de lo que es ser mamá o papá

Con esto me refiero a que necesitamos cambiar el paradigma de la mamá abnegada entregada y sacrificada y el papá absorto en generar ingresos o algo por el estilo. Antes de ser mamá y papá, eres persona, y claro, no vas a descuidar las necesidades de tus hijos, pero… tampoco descuides las tuyas.

Ser mamá y papá es convertirte no nada más en el papá y mamá de tus hijos sino también de tu niño interior, y dedicarte el tiempo necesario para cubrir tus propias necesidades.

Créeme, estando bien tú, todo lo demás que gira alrededor de ti lo estará también.

En conclusión

Creo que lo importante es que encuentres los medios y los espacios para conectar emocionalmente con tus hijos, a la par de que te haces tu prioridad y te das permiso de dedicarte tiempo y atención, no porque haya algo malo en ti, sino porque lo necesitas, y al cuidarte a ti, cuidarás mejor de quienes te rodean.

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