Miedo a la perdida de un ser querido

perdida de un ser querido

El miedo a la perdida de un ser querido, es una incertidumbre acerca del estado de bienestar ya sea de nosotros mismos y de los seres que amamos, es una realidad que nos acompaña desde que nacemos, es una condición humana que tiene correspondencia con la vida. Ya que si vivo, también puedo morir.

En los estudios de psicología infantil, entre los 6 a 7 años que es cuando empieza a surgir en nuestra conciencia la idea de la perdida de un ser querido, el principal miedo es perder a nuestros padres porque se pone en peligro nuestra supervivencia física y emocional, si los perdemos entonces ¿Quién se hará cargo de nosotros?

Recuerdo cuando era pequeña a mis 9 años más o menos, y siendo la mayor de 4 hermanos, cuando mis padres salían de fiesta por la noche y me dejaban a cargo, (en aquellos años era más fácil dejar a los hijos solos en casa), yo me quedaba despierta y no podía dormir porque me imaginaba que ellos no regresarían, y allí estaba yo, mirando por la ventana, esperando que llegaran, temiendo por mi supervivencia.

Y además, a cargo de 4 hermanos, desarrollé una conciencia de peligro y ansiedad, si mis seres queridos en este caso mis padres no regresaban, mi imaginación volaba, y si les pasaba algo, que haría yo sola con mis hermanos, allí empezó mi estado de alerta, de tener que hacer algo para no vivir la perdida de un ser querido.

Ingenuamente pensaba que si me quedaba mirando por la ventana, tal vez podría evitar que algo malo pasara.

Con el tiempo fui superando esta sensación y liberándome del miedo a la perdida de un ser querido, conforme vamos creciendo algunas veces desarrollamos mayor confianza y seguridad en nosotros mismos, a mí superar esta sensación me llevó algún tiempo porque lo fui trasladando a mis figuras de “apego”, ya no eran mis padres, era mi ex, mi jefe en el trabajo, mis hijos u otra figura de importancia.

Hasta que fui fortaleciendo mi autoestima y autoconfianza de que yo soy capaz de cuidar de mi misma y confiar en los procesos de la vida, hoy día mis hijos viven su vidas por ellos mismos, y confío en que un ser superior los protege, es lo más que puedo hacer, encomendarlos a la energía divina, en lo que tu creas puede funcionarte. A veces no está en nuestras manos, existe para mí algo más allá que nuestra simple condición humana, bueno, de eso estoy convencida.

 

Ansiedad ante la muerte

Continuemos con la pregunta obligada ¿Quién le tiene miedo a la muerte?… La respuesta que yo he escuchado es la siguiente: yo no le tengo miedo a mi muerte, le tengo miedo a la perdida de un ser querido, lo que nos estamos diciendo es “no quiero sufrir”, ni pasar por eso. Prefiero morir yo antes que ver que esto suceda a alguien a quien amo.

De allí viene la ansiedad y el querer estar preparado o en alerta cuidando que esto no nos suceda, nos sentimos en peligro de sufrir algo muy doloroso y queremos evitarlo a toda costa, creemos que con nuestros pensamientos anticipatorios podremos hacer algo al respecto, y lo único que hacemos es sufrir ante una realidad que si bien puede ser posible, no es real en el momento presente.

 

Apego a mis seres queridos

Cuando estoy apegado a esa persona, y pienso en la perdida de un ser querido, de que sin esa persona no podré seguir viviendo, que la vida se me acaba con él o ella, crece más mi angustia y agobio, de que algún día me falte o de que se enferme  y ya no sepa qué hacer sólo, ¿Cómo enfrentarme a la vida sin su presencia?.

Entonces empieza mi preocupación acerca de su “bienestar” y si le pasara esto o aquello y nos vamos a escenarios catastróficos, pensando y pensando cosas que podrían sucederle, sobre todo en esta sociedad en que vivimos, en la que las noticias desagradables abundan a nuestro alrededor.

Esta preocupación gira alrededor de mi supervivencia física y emocional, si algo le pasa a alguien que amo entonces ya no me sentiré a salvo y tranquila, tendré que asumir la vida desde otro lugar, y no desde el lugar que conozco y que es cómodo hasta cierto punto para mi EGO.

Aquí quiero hacer una analogía que se me ocurre jugando con las palabras;

MI – EDO     tomando en cuenta el MI como artículo gramatical que se refiere a algo propio.

                 EDO  estado de mi Ser               

MIEDO estado de mi Ser, emoción suficiente y necesaria para protegerme y hacer frente a la vida, aunque un exceso de miedos puede provocar Ansiedad y es entonces cuando el miedo ya no es funcional, se convierte en disfuncional es decir no me funciona, más bien me bloquea.

MI – EGO    tomando nuevamente a MI como referido a algo propio.

                      EGO como lo define Eckart Tolle; el cuerpo del dolor

MIEGO  estado en el que no quiero desapegarme y sufrir. El que le teme a la muerte es el EGO y hará todo lo posible para sobrevivir, aunque sea de una manera ingenua con pensamientos que no te llevan a nada, solo a la ansiedad.

Qué tal si en lugar de decir “Tengo miedo o me preocupa que esto o aquello le pase a alguien que amo” digamos “No quiero sufrir esto o aquello” estoy demasiado apegada a evitar el dolor y el sufrimiento.

De esta manera tal vez cambiarían las historias mentales que me hago y la manera ingenua con la que trato de evitar lo que pienso, ya que en eso se me va la vida y la oportunidad de vivir en PAZ.

 A la muerte no hay que temerle; hay que comprenderla

Alfonso Reyes Zubiría

 

De acuerdo a este autor que escribe para la revista Prometeo en su artículo acerca de la muerte nos dice lo siguiente:

“Morir es romper irremediablemente toda comunicación intelectual y afectiva, si yo muero tu no estarás conmigo, si tu mueres, yo no volveré a mirarte ni a tocarte, ni a oírte, simplemente ya no estarás, ser conscientes de esta realidad es lo que hace que la muerte nos resulte fea, mala, dolorosa”.

La realidad por muy terrible que parezca es que la muerte es una experiencia trascendental, muere el cuerpo pero no el alma, la energía de la persona, su memoria, su recuerdo persiste en nosotros, yo veo a la muerte como una despedida dolorosa, te despides de su compañía física, y se queda su recuerdo en ti, es por eso esas palabras que dicen:

 

En vida hermano, en vida…

Con estas palabras quiero invitarte a que conectes con la vida que fluye en ti, la que tienes hoy y que compartes con tu familia, tus amigos, compañeros de trabajo.

 A veces se nos olvida disfrutar-nos- estar plenamente presente cada vez que ves, tocas, amas a tus seres queridos, cuando compartes con ellos momentos agradables de compañía, risa y alegría de estar juntos, valorar su presencia y no darlo por hecho o como algo común, realmente es algo extraordinario, escuchar, contar de ti y de tu vida, sentarnos a tomar un café y decirnos las nuevas de nuestra vida.

Encontrar esos momentos de encuentro, como algo extraordinario, bailar, cantar, recordar que estamos juntos para acompañarnos, aunque a veces la relación represente un reto, en el fondo existe un “me importas” y estamos juntos.

Así que respira profundo, siente, observa a tus seres queridos y que en cada encuentro te llenes de ellos y de su esencia, eso es lo que cuenta y realmente importa.

Quizás es lo que estas necesitando para liberarte del miedo a la perdida de un ser querido.

 

Conclusión

Así que recuerda antes de que entres en este proceso natural de la vida ya sea como experiencia propia o con un ser querido, por favor disfruta tu vida, vive en el presente, no vivas con fantasmas del futuro, que hoy es incierto, canta, baila, ríe, come muchos helados, siente el aire fresco en tu cara, corre, nada, sube una montaña, alcanza tus sueños, después de todo estas vivo y vivir es un privilegio.

¡Hasta pronto!

Etiquetas: , , , , ,

Artículos relacionados

por
Publicación anterior Publicación siguiente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

189 comparte