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Fobia Social Paso 4

Cómo superar el miedo al ridículo

Escrito por Fabiola Cuevas
   

Éste miedo es uno de los principales detrás de la ansiedad, y para saber cómo superar el miedo al ridículo, necesitas ver cuáles son las creencias que hay detrás de él, y después, necesariamente, exponerte a demostrar con la realidad que esas creencias son mentira, y poder así liberarte.

¿Qué pasa cuando tenemos miedo al ridículo?

Cuando tenemos miedo al ridículo básicamente evitamos situaciones en las que profetizamos que nos podríamos exponer a hacerlo, como por ejemplo, pasar a exponer frente a la clase, asistir a reuniones sociales donde no conoces muchas personas, salir a la calle cuando te sientes un poco mal, dejar de ir a lugares donde no apruebas tu comportamiento o tu apariencia (albercas, playa, discotecas, etc).

Y más adelante, éste miedo al ridículo, es uno de los autores originales de la agorafobia, pues evitamos salir por miedo a ser mal vistos, ya sea como débiles o simplemente ser vistos teniendo un ataque de pánico.

Básicamente, cuando tenemos miedo al ridículo, dejamos de hacer cosas que quizás en el fondo sí se nos antojan hacer, porque dudamos de que nuestra ejecución vaya a ser perfecta, y tenemos miedo de ser foco de atención de los demás, y por ende, de sus críticas, burlas o comentarios.

El miedo al ridículo está fundamentado en creencias irracionales

Realmente casi todos nuestros miedos tienen una creencia detrás que los origina, en éste caso, el miedo al ridículo está fundamentado en creencias como:

  • debo de gustarle a todas las personas (gustar, caer bien, agradar)
  • debo de ser discreto, jamás llamar la atención (por eso te molestan o te súper atraen las personas histriónicas, esas que al entrar a un cuarto llaman la atención de todos)
  • mi apariencia siempre debe de ser perfecta
  • debo de evitar la burla, la crítica y el rechazo al máximo posible
  • si me rechazan sería insoportable, no podría tolerarlo
  • el quedar mal habla mal de mí
  • debo de ser fuerte y emocionalmente estable

¿tienes otra creencia detrás de tu miedo al ridículo? compártela en los comentarios

Todas estas creencias son irracionales, pues si te fijas, tienen dentro de ellas las palabras “debo, siempre, jamás, insoportable, mal”, y todo eso, son juicios absolutistas y totalizadores fundamentados en conclusiones que fuiste llegando en tu niñez y adolescencia sobre quién tenías que ser, en lugar de dejarte ser tal y como eras.

Además, ¿quién dice que no podrías tolerar las críticas de los demás? quizás te duelan o sean un golpe para tu ego, quizás en algún momento de tu vida las recibiste y fue doloroso… pero, podrías tolerarlas y no sería el fin del mundo… Por otro lado ¿quién dice que tienes que gustarle a todos los demás? es como si te dijeras a ti mismo que te tiene que gustar todo el mundo y que tienes que aprobar el comportamiento de todos los que te rodean… ¿y quién dice que si alguien desaprueba tu comportamiento habla mal de ti? acaso con una sola ejecución tuya ya estás definido?

¿Quién te dijo que tenías que ser fuerte y estable todo el tiempo? ¿en qué momento llegaste a esa conclusión?

También está fundamentado en distorsiones cognitivas

Por ejemplo, cuando tú crees que estás seguro de que los demás ya están pensando mal de ti, o pensarían mal de ti si te ven teniendo un ataque de pánico o pasando en frente a exponer, estás haciendo la distorsión de “lectura del pensamiento”.  La lectura del pensamiento es una distorsión cognitiva pues aunque la telepatía sí existe, (desde mi punto de vista), no puedes estar 100 por ciento seguro de lo que los demás piensan.

Y sobre todo… está fundamentado en una auto desaprobación

O sea, quien en realidad se está exigiendo ser fuerte, perfecto y agradable…eres tú, pues en el fondo te juzgas y te exiges serlo, en el fondo no te gustas de lleno tal y como eres, y entonces te escondes, pues si tú te juzgas así…¿cómo te juzgarán los demás?

Recuerda que si tu supieras quién eres, te gustaras y confiaras en ti, aún y aunque tuvieras “defectos”, no te importaría los comentarios de los demás, pues tú conoces tu verdad, tú sabes quién eres. Es como muchas veces les he dicho, si yo soy castaña de pelo corto, y llega alguien y me dice “se ve horrible tu pelo güero largo…” pues tan sólo me reiría de su comentario y le recomendaría un psicólogo.

Esto ya lo sabes y lo has escuchado muchísimas veces, pero no está de más repetirlo:

Si tu no te juzgas a ti mismo… dejará de importarte lo que piensen los demás de ti, o más bien, si tu te aceptas a ti mismo… dejarás de buscar la aceptación de los demás.

Lo que crees que pensarán de ti son tus propios juicios

Por ejemplo, si te da miedo hacer el ridículo… pregúntate ¿qué crees que pensarían los demás de ti si lo haces?

Las respuestas que encuentres, probablemente son los juicios y autoexigencias que te haces, los “deberías”, los requisitos que te has puesto para darte permiso de ser feliz o de sentirte a salvo.

Por ejemplo, si me da miedo hablar frente a los demás porque qué tal que me equivoco y hago el ridículo…y me pregunto ¿qué pensarían los demás de mí? mis respuestas serían: que crean que soy incompetente, que no sé lo que estoy haciendo, que desaprueben mis conocimientos.

Esto significa (y en muchas ocasiones así lo ha sido), que dentro de mi, yo me desapruebo y me exijo no equivocarme para sentirme segura de que sé lo que estoy haciendo y confiar en mis conocimientos.

Digamos que en el fondo se trata de ti, de tus inseguridades, de tus creencias y de tus necesidades para sentirte a salvo, y son esas las que hay que desmentir y corregir.

Al final lo que quieres es ser amado por los demás

Al igual que los miedos a fracasar o equivocarte… el miedo a hacer el ridículo tan sólo habla de que para ti (así como para el resto de la humanidad), es fundamental sentirte amado, y te has hecho a la idea de que para ser amado, no debes de dar lata, debes de aparentar perfección y simular estabilidad emocional… siempre.

Y el día que te conviertas en robot y lo logres, por favor avísame, para empezarme a preocupar.

Pues eres humano, y la perfección está en la naturalidad de como eres, no en una simulación aparente de máscaras y poses.

Entonces… ¿qué puedes hacer?

  • Pregúntate qué estás queriendo evitar con no hacer el ridículo, ¿ser amado? ¿ser aceptado? ¿ser valorado? ¿ser respetado? ¿ser físicamente atraíble? ¿pertenecer? Encuentra cuál es la necesidad real que estás necesitando cubrir, y entonces empieza por cubrirla por ti mismo para ti, comportándote contigo de la manera que necesitarías que los demás lo hicieran.
  • Enfréntate y expónte al ridículo, así es, si tienes miedo de salir a la calle y desmayarte y ser visto como alguien débil, entonces, sal a la calle actuando como si fueras la personas más débil del mundo, como le platicaba a un compañero en el grupo de Dale alas a la ansiedad, pide que te ayuden a cargar las bolsas del súper, arrastra los pies… y date cuenta de que el único que se juzga eres tú mismo.
  • Descubre de dónde fue que aprendiste a exigirte, dónde fue que te hiciste a la idea de que tenías que ser perfecto y bien visto todo el tiempo, o bien, en qué momento fue que recibiste una crítica y fue doloroso para ti, para que entonces viajes mentalmente a ese momento, perdones a quienes tengas que perdonar, y llegues a una nueva conclusión sobre ti mismo que no involucre la perfección.
  • Haz una lista de todas las cosas que haces en función a este miedo, normalmente son situaciones que evitas o esfuerzos exagerados en quedar bien y aparentar, y entonces una por una, empezando por la que te sea más fácil, empieza a dejar de hacerlo o a remplazarlo por hacer lo contrario.
  • Atrévete a dejar que los demás te vean tal y como eres, y si te animas, pregúntales qué opinan realmente de ti, para que puedas ver objetivamente la realidad.
  • Si te da miedo hacer el ridículo en una presentación, plática o actuación, practica y ensaya tu sólo frente al espejo hasta que te sientas tan cómodo contigo mismo…hasta que te gustes tanto a ti mismo, que tengas ganas de irle a mostrar a los demás quien eres.  Descubre los juicios que tú mismo te haces y practica hasta que sientas que te convences a ti mismo de que lo estás haciendo bien.

Si sientes que el tema de dejarte ver o ser auténtico realmente te cuesta trabajo, te recomiendo la guía que escribí de Enciende tu esencia, pues ahí te guía con más ejercicios para lograr esto.

También te recomiendo escuchar el siguiente audio: https://soundcloud.com/desansiedad/miedo-a-hablar-en-publico

Por ejemplo

David Burns, en su libro de Adiós, Ansiedad, da un ejemplo de un paciente que le tenía miedo a llegar a una reunión y que vieran que estaba sudando, que eso le impedía acercarse a conocer mujeres, estaba obsesionado con estar siempre limpio y oliendo rico, así es que le dejó una exposición: salir corriendo de su casa al café más cercano, llegar sudando, pararse en medio de la gente, alzar las manos y decir “hello ladies…” (no recuerdo bien la frase pero ésta quedaría muy bien jeje).

Lo que ésta persona descubrió es que no sólo no hizo el ridículo, sino que terminó conociendo mujeres que se acercaron al verlo tan seguro de sí mismo.

La idea con la exposición es que te lleves al extremo de lo que te da miedo que los demás se den cuenta, y realmente, con tan sólo pensar en hacerlo, el miedo empieza a disminuir, si realmente te das cuenta de lo ilógico que puede sonar.

En mi caso personal, superé el miedo al ridículo cuando aprendí a hablar frente a grupos, y lo que me forcé a hacer fue a dejar de estar hasta adelante del grupo donde sólo pudieran verme algunos, y pasar a intercalarme entre los participantes, además, de que dejé de pensar antes todo lo que iba a decir, dejándome ser más espontánea, y ahí descubrí que la espontaneidad es el ingrediente clave para dar un buen taller.

En conclusión

Para superar el miedo al ridículo, pregúntate cuáles son las exigencias que te haces a ti mismo sobre quién deberías de ser, date cuenta que los demás no están esperando eso de ti, y déjate ser más natural, tal y como eres, aceptándote primero a ti, para poder dejar pasar por desapercibido lo que pudieran o no, pensar los demás de ti.

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