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Manejo del tiempo

¿Cómo bajarle a tu prisa y recuperar tu salud?

Escrito por Fabiola Cuevas
   

El estrés agudo, las dolencias físicas y la ansiedad llegan a tu vida para decirte un mensaje muy claro:

¡Oye! ¡Bájale a tu ritmo por favor! (ya sea interno o externo).

Y a pesar de que la sociedad actual vaya a mil por hora, es momento de que tú pises el freno en tu vida y le mandes ese mismo mensaje a todos los que vienen corriendo detrás de ti. Así es que aquí te doy algunas ideas para bajarle a tu prisa.

La prisa hace que tu cuerpo se acostumbre internamente a ir a la misma velocidad; tu corazón empieza a latir más rápido y tu presión arterial aumenta generando un desgaste interno, pidiéndole recursos de más a tu cuerpo, llevando al límite a tu sistema nervioso central.

 ¿Por qué pareciera que todos vamos a prisa?

Porque confundimos el “ser” con el “hacer”.

Como sociedad hemos perdido de vista que lo que realmente importa es quién eres, y pensamos que lo que realmente importa es qué haces.

Creemos que “mientras más hago, más soy”, “mientras más produzco, más exitoso soy”, “mientras más me esfuerzo, más proveo a mi mismo y mi familia”, mientras más hago mejor persona soy, seré mejor visto, y con mayor facilidad me querrán.

Al final del día, lo que quieres es ser digno de ser amado, aunque lo estés haciendo por un camino que te representa mucho desgaste.

Además, estamos en un ciclo vicioso que un buen amigo le llama “genera-consume-genera-consume-genera-consume” y así hasta que nos cansamos de éste ciclo y retomamos la vista al ser, existir y respirar.

Tipos de prisa

Prisa de pensamientos

Esto es, pensar mil cosas al mismo tiempo, tu pensamiento va tan rápido que ya ni sabes en lo que estabas pensando y te llega la típica frase de… ¿Qué te iba a decir? ¿A qué venía? ¿Por qué estoy pensando en esto?

No importa que estés sentado frente a una computadora, si tu pensamiento va a mil por hora, internamente tu cuerpo va al mismo ritmo.

Cuando tus pensamientos van rápido, le mandas el mensaje a tu cuerpo y sobre todo a tus emociones de que “algo no está bien”, de que te falta algo y que necesitas esforzarte más o hacer algo para estar bien.

Los pensamientos de este tipo más comunes son:

  • tengo que apurarme para llegar
  • necesito terminar esto rápido
  • cuánto tiempo gasté en esto
  • no voy a lograrlo a tiempo
  • y si se me pasa el tiempo y no logro lo que quiero
  • ¿por qué no llega fulanito?
  • con tanta gente en la fila se me va a hacer tarde
  • no no no voy a desayunar se me hace tarde

Todos estos pensamientos e ideas hacen que tu cuerpo esté en un constante estado de alerta y de peligro, y te impiden sentir que todo está realmente bien, que no necesitas estarte desgastando tanto para sobrevivir y que podrías bien lograr tus metas y objetivos sin tanta prisa.

Al estar alerta y en un sentimiento de peligro constante es que tu cuerpo se termina sus recursos internos y empieza a enfermarse, ya sea a nivel físico o emocional, los cuales normalmente van de la mano.

Prisa del hacer

Hacer, hacer y hacer

Sientes que no puedes detenerte, que todo el tiempo has de estar haciendo algo o de lo contrario te sientes culpable por verte poco productivo.

Haces que los demás también se apuren en todo lo que tienen que hacer, que tus hijos hagan la tarea rápido, coman rápido, se vistan rápido.  Tienes la idea de que si retrasas en una actividad se echa a perder todo tu día, quedas mal o serás mal visto por otros.

Prisa al comer

Comer con la prisa de terminar para llegar a tu trabajo o salir corriendo a las clases de la tarde de tus hijos.  Dejas de disfrutar la comida y terminas con una sensación de… ¿qué comí?

Estás comiendo un bocado pensando en el siguiente, o sufriendo porque está a punto de terminarse la hora del disfrute.

Comes algo que se hizo rápido “fast food” creyendo que así te tardarás menos en comer y serás más productivo.

Prisa en tus relaciones

Pierdes el contacto con quienes se cruzan contigo al día, se te dificulta ver a los demás a los ojos, le pides algo al mesero sin molestarte en ver su nombre, ni pensar en entablar una conversación con alguien desconocido a lado de ti en el metrobus o en la fila del banco.

Llegas a tu casa y te avientas a la cama o al sofá a ver la tele, o quizás solamente a darle las buenas noches a tus hijos.

En pocas palabras, vives sin darte cuenta de a lado de con quién lo haces.

Prisa al hacer tus cosas

Cuando te bañas, te arreglas, cuando vas en el coche o al súper.  Lo haces todo tan a prisa como si alguien estuviera detrás de ti correteándote.  Pierdes de vista que puedes disfrutar de cada una de esas actividades y las empiezas a ver como un mal necesario del diario.

 Consecuencias de vivir a prisa
  • Molestias estomacales: Gastritis, acidez, indigestión, diarrea, estreñimiento
  • Dolores de cabeza
  • Subir o bajar mucho de peso
  • Tensión arterial
  • Olvidos y distracciones
  • Incapacidad para disfrutar el momento, la comida, el día
  • Fatiga y cansancio crónico
  • Insomnio
  • Insatisfacción por no hacer lo que quieres
  • Incapacidad para relajarte
  • Postergar
  • Obsesiones
  • Poca atención en lo que haces
  • Inquietud y nerviosismo
  • Incapacidad para respirar tranquilamente
  • Opresión en el pecho

En general, vas tan rápido, que te es imposible ponerle atención a todo, y terminas por descuidarte a ti mismo, y con esto, descuidar lo demás en tu vida.

¿Cómo salir de la prisa y recuperar tu salud y paz interna?

Deja de exigirte tanto a ti mismo

Realmente nadie está detrás de ti correteándote, y si es así, entonces necesitas empezar a decir “no” y poner tus propios tiempos y límites.

Pero estoy segura que al final del día el que más se exige eres tú mismo, pareces tu propio juez, gendarme y capataz.  Te dices cosas que a nadie más le dirías, puedes inclusive ser cruel contigo mismo en lo que te dices y cómo te tratas.

Así es que primer paso y para mi punto de vista el más importante: trátate a ti mismo con amor y autocuidado.

Date chance de no ser tan productivo

Date cuenta que con una acción que realices al día dirigida a lo que deseas alcanzar, es más que suficiente.  Realmente con el simple hecho de existir es más que suficiente.

Redefine para ti qué es ser exitoso

Recuerda que dejas de ser exitoso y de ser un pilar para ti mismo y tu familia cuando se apaga tu pasión interna por la misma ansiedad, cuando no logras relajarte, cuando vas apurando y exigiendo a quienes te rodean, o cuando simplemente no puedes sentarte a disfrutar del momento.

Así es que define tu propio concepto de éxito de tal forma que no tenga que ver con objetos materiales o riquezas externas, pues al final del día esas no te servirán para sentirte satisfecho el día que evoluciones a otra vida.

Quítale tantos requisitos a tu felicidad

Atrévete a acceder a la felicidad simplemente porque sí, en lugar de ponerle tantos requisitos.

Recuerda que si aprendiste a andar a prisa y querer ser productivo todo el tiempo, es porque en el fondo lo que quieres es ser feliz, y crees que de esa manera la alcanzarás.  Pero no necesariamente es así, puedes ser feliz simplemente porque puedes respirar.

Que lo que hagas refleje tu esencia y tu pasión

No quisiera que ahora te dediques a estar echado en el sofá viendo televisión, a lo que voy con éste artículo es que primero te dediques a ser, y a partir de ahí hagas.  O sea, que a partir de lo que te apasiona actúes, y que tus acciones reflejen tu esencia, en lugar de que la opaquen o escondan.

Procesa cada cosa cada vez

Ahora con tanto bombardeo de información, es importante que te des el tiempo de procesar cada uno de los estímulos que recibes, sobre todo cuando ves cosas que te interesan o que mueven tus emociones.

Recuerdo en el embarazo que veía un video en facebook que me conmovía e inmediatamente ya estaba llorando de la emoción, y realmente tenía que ver el video y hacer a un lado el celular para darme mi tiempo de procesar. Luego, pasaron las hormonas y regresé al ritmo natural de ver cosas que quizás me impactan, me mueven o me emocionan y dos segundos después ya estoy viendo otra (esto en los 5 minutos libres que encuentro de repente).

Y es por eso que creo que es importante que te unas conmigo en la misión de hacer un alto y procesar lo que vemos, escuchamos, sentimos…y de ésta forma, el ritmo interior bajará y aumentará tu sensación de paz interior.

Otras recomendaciones
  •  Incluye en tu agenda un momento para relajarte y estar contigo mismo
  • Usa la agenda y considera 15 minutos de descanso entre actividad y actividad
  • Considera un tiempo para los imprevistos en tu día para que cuando lleguen no te hagan sentir que ahora no harás lo que te habías predispuesto
  • Auto obsérvate y cuando veas que vas a prisa habla contigo mismo y dite: “ahora lo vamos a hacer todo leeeeeeento”. Y empiezas  a hacer todo lo más lento posible.
  • Come disfrutando bocado por bocado, hasta que te pases un bocado pasas al siguiente
Tip final

Como la sociedad entera va a prisa, siempre habrá alguien que te esté presionando o exigiendo, y ese alguien tiene a otra persona haciendo lo mismo, y la misma población le exige a las empresas y organizaciones que vayan a prisa pues necesitan consumir más y más.

Basta con que tu hagas un alto y te voltees y le digas a esa cadenita de personas: alto, dejen de correr, para que el ritmo de la sociedad empiece a disminuir.
¿Qué necesitaría suceder para que dejes de ir a prisa?

Si necesitas ayuda para superar la ansiedad, te recomiendo mi guía de 5 pasos “Dale Alas a la Ansiedad”.

 

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