Vivir lentamente para disfrutar mejor

Vivir lentamente para disfrutar mejor

Vivir lentamente no implica hacerlo todo en slow mode como robots, sino vivir y experimentar cada momento en el que respiramos.

¿Qué significa vivir lentamente?

Ir con el ritmo natural de tu propia evolución, junto con los procesos de la naturaleza.  Es bajarle el ritmo al acelere y la prisa diaria, para poder experimentar el momento presente.  Es tener tu mente en el presente, habitando tu cuerpo con conciencia.

¿Por qué se disfruta más al vivir lentamente?

Porque los momentos que realmente disfrutamos son los que se dan en el momento presente, y no podemos acceder al momento presente si vamos rápido o a prisa, o si nuestra mente está en el futuro o en el pasado.

¿Qué nos impide estar en el presente y bajarle a nuestra prisa?

1.- Nuestras creencias.  Tenemos creencias en nuestra mente que nos dicen “mientras más haces, más productivo eres”, “si vas rápido eres mejor que los demás”, “ir lento es de débiles o retrógradas”.  Nuestra mente interpreta la realidad según sus creencias, y si tu llegas a la conclusión de que tu valor como persona radica en cuántas cosas haces en el día, entonces… será lógico que vayas a prisa.

2.- Confundimos SER con HACER. A lo largo de la evolución de la sociedad, se ha puesto el valor como personas en lo que hacemos, y pensamos que según lo que hacemos, somos.  O sea, que mientras más hagamos o mejor lo hagamos, más cosas o éxitos tendremos, y entonces mejores personas somos.  Cuando es al revés, primero hemos de fortalecer nuestro SER, y a partir de ahí, el HACER se dará de manera natural, fácil, sin esfuerzo, sin sentir que te pesa lo que haces, y obtendrás de la vida lo que es una expresión de tu ser.  Y de esta forma también puedes cambiar tu HACER y seguir SIENDO el mismo, tu valor no cambia porque cambies de trabajo o profesión.   Tu valor está en tu ser, y basta con existir y expresarte desde tu autenticidad.

3.- Hemos dejado de observar y poner atención plena.  Esto es, nuestra atención está en todo menos en lo que hacemos.  Entramos a un lugar o vemos a una persona y no nos detenemos a observar, vemos la naturaleza pero por encimita, no contemplamos sus procesos, y en nosotros mismos, no le ponemos la suficiente atención a nuestro cuerpo y emociones, permitiendo que se guarden estresores, dolores, tensiones que nos llevan a seguir acelerando el paso.

4.- La cantidad de estímulos externos.  El problema no es la cantidad de información, sino que es información potencialmente útil e interesante para nosotros.  David Allen expone ésta idea al decir que si no pudiéramos manejar la cantidad de información, entraríamos a una biblioteca y moriríamos, o el simple hecho de ver la naturaleza con tanta variedad nos ahogaría.  Lo que nos estresa y nos acelera al  “más más más”, es que todas esas opciones y oportunidad que nos rodean en la televisión, internet, letreros, personas potencialmente para ser pareja, etc, son potencialmente interesantes para nosotros.  La solución a éste dilema está en tener claro quién eres, y elegir.  Al elegir, no importa qué tantas opciones u oportunidades existan, tu ya sabes lo que quieres.

5.- Le huimos a encontrarnos con nosotros mismos.  Nosotros somos nuestros propios maestros y guías, y cuando evitamos estar solos y escucharnos, como esos momentos en un domingo que se acaban las actividades o que no hay personas con quién convivir, y entonces llega la angustia o la ansiedad, es porque vamos tan a prisa, que cuando hacemos un alto, se siente incómodo.  Pues claro, tenemos información de nosotros mismos que no queremos escuchar.

Existe otro factor importante que nos impide vivir lentamente y disfrutar mejor, y es que existe un desfase entre nuestra intención, atención y acción.  Nuestra intención es “para qué haces las cosas, qué quieres lograr”, nuestra atención es donde está tu mente tal cual, y tu acción es donde está tu cuerpo.  Si éstas no están encaminadas hacia una misma dirección, hacia un mismo propósito, probablemente te sentirás insatisfecho con lo que haces y con momentos de vacío existencial.  Por eso primero preguntante tu intención, y a partir de ahí alinea tu atención y acción a ella.

¿Cómo bajarle al ritmo?

1.- Actualiza tu estado.  Cuando estés haciendo algo, escucha en tu mente la actualización de tu estado.  Por ejemplo, “estoy lavando los platos, saco espuma, enjuago”, “me estoy subiendo al coche, voy manejando, veo al señor de a lado”. Tal cual como si estuvieras subiendo tu estado en facebook constantemente.  Este ejercicio te ayudará a traer tu mente a lo que estás haciendo y tener consciencia de lo que haces.

2.- Una cosa a la vez.  Evitar el multitask, si podemos hacerlo, pero tendremos nuestra atención dividida en varias cosas y al final podemos terminar más cansados de lo normal.

3.- Ten momentos contigo mismo, que no incluyan ver tele o arreglar la casa, simplemente estar contigo, escucharte y encontrar tus necesidades para que puedas satisfacerlas tu mismo.

4.- Cuestiónate cuál es tu intención de hacer todo lo que haces todos los días, y depura aquello que no te está llevando al propósito de tu vida.

5.- Vacía tu mente de todos los pendientes o preocupaciones.  Recuerda que tu mente es para crear ideas en el momento presente, no para guardar pendientes o ideas.  Anota, escribe, depura, usa tu agenda.

6.- Escucha tu diálogo interno, o como muchos lo conocen…a la loca de la azotea, esa voz que habla y te dice todo el tiempo lo que tienes que hacer después y te mantiene corriendo todo el día.  Y recuerda que tu no eres esa voz, esa voz es aprendida y automática, y tu tienes la libertad de elegir si hacerle caso o no.

7.- Camina a tu ritmo, observa como cuando llevas prisa aceleras el paso y vas pensando en que tienes que llegar, tienes que llegar ya! y pierdes de vista el camino, el trayecto, el movimiento de tu cuerpo.  Entonces contacta con tu cuerpo y con tu caminar, más allá de a donde quieras llegar.

8.- Contempla por 5 minutos alguna parte específica de la naturaleza y observa su ritmo, su movimiento.

y sobre todo… auto obsérvate constantemente, y cuando te caches que vas rápido, corriendo o a prisa, haz un alto, regresa a tu respiración, y recupera un ritmo con el que te sientas a gusto.

Conclusión

No es lo mismo ir rápido que ir a prisa, la prisa es un pensamiento que está en el futuro y activa tu cuerpo con tensión, el ir rápido lo puedes hacer siempre y cuando lo hagas con consciencia.

La prisa, el correr, el querer más y más, nos genera que nuestra atención esté en el futuro y por lo mismo se dan las distracciones, la postergación y junto con eso altos niveles de ansiedad.

Permítete disfrutar de lo que estés disfrutando en el momento presente, y si te llega un pensamiento de “ya, tienes muchas cosas que hacer”, regálate por lo menos 5 minutos más de esa actividad, evita interrumpir tu placer por tu deber de golpe.

Puedes revisar también el movimiento Slow Movement http://www.slowmovement.com/ el cual está logrando grandes cambios en la sociedad norteamericana.

Y más adelante, subiré el libro de Carl Honoré, de “Elogio a la Lentitud”, así es que mantente al tanto.

Y recuerda, que practicar mindfulness es una de las mejores herramientas para recuperar nuestra capacidad para estar en el momento presente.

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¡Hola! Soy psicóloga y fundadora de desansiedad. Logré transformar la ansiedad en libertad y plenitud. Deseo compartirte mi experiencia y ayudarte a superar la ansiedad.
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