Controlitis

     Dícese de condición física y mental desfavorable para la persona generada por presentar altos niveles de impulsos a querer controlar diferentes aspectos.   Estos aspectos pueden ser: una persona, una situación, el futuro, tu presente, el país, al presidente, el semáforo, el clima, la velocidad de trabajo de los demás, la manera en la que actúan los demás, los colores para pintar la pared…etc.

         Ahora si que, tú dime… ¿cuáles son todos esos aspectos que deseas controlar día con día?

             Normalmente cuando se trata de controlar a alguien más, nuestra reacción aparente es desesperarnos.  Nos desespera que haga, diga, o piense como sea que lo haga, y entonces            tomamos la postura de regaño, o de minimizarlo y decir…”¿cómo es que pienses así?”, “así es como se tienen que hacer las cosas”, “tu no sabes…y al parecer nunca lo sabrás”, entre otras.  Y vamos por la vida relacionándonos con las demás personas esperando que sean de una u otra forma, frustrándonos porque no son como queremos que sean y haciendo corajes porque no reaccionan como nos gustaría que reaccionaran.  En conclusión, sufres de controlitis cada vez que te frustras, desesperas o enojas porque la otra persona hizo, dijo o pensó equis cosa que a ti no te pareció. 

    Además de querer controlar a las otras personas, es común que queramos controlar todo lo que pasa con nosotros, queremos tener la salud perfecta, el trabajo ideal, la pareja salida de un cuento de hadas, numerosas amistades, un estado de equilibrio y paz interior constante e inalterable…y cuando nos damos cuenta de que no estamos cumpliendo con algunas de estas cosas que “deberíamos” de estar cumpliendo, entonces llega la misma frustración y desesperación, pero ahora volcada hacia nosotros mismos. 

    Otro síntoma de controlitis es cuando queremos controlar los eventos y los sucesos que ocurren a nuestro al rededor, y eso aún puede ser más frustrante, pues con los demás y con uno mismo podemos ejercer cierto poder para motivar el cambio, pero cuando se trata de las cosas externas, es muy probable que nuestra influencia sea muy baja, y entonces… más nos frustramos.  Por ejemplo, cuando te decides a ir al banco y te encuentras con 30 personas antes de ti, o qué tal en la caseta de regreso al DF después de un puente, los ruidos de la construcción de a lado, el clima el día de tu boda…en fin, cuestiones que realmente no están en nuestras manos poder controlar, aunque yo diría…si evitar. 

    En donde trabajo, www.coscatl.com, tenemos una herramienta que usamos que se llama “asunto”, y es que ante cada cosa que te frustres, enojes, desesperes… pregúntate, “¿en asunto de quién estás?” y existen tres posibles respuestas: 1.- en el mío, 2.- en el de los demás, 3.- en el del Universo.  Y claro, el único asunto en el que realmente se vale que te encargues es el tuyo, los asuntos de los demás, déjaselos a los demás, a menos que sea asunto tuyo el querer ayudarlos, y los asuntos del Universo, déjaselos al Universo, pero claro, con la disposición de contribuir a que esos asuntos fluyan pacíficamente. 

    El asunto que sí nos compete aquí, es que la ansiedad y el estrés diario tienen mucho que ver con las ganas de querer controlar TODO lo que sucede contigo, con los demás y con el Universo.  En lo personal me parece que es algo muy ambicioso y difícil de conseguir,  y con altas probabilidades de que te genere frustración y ansiedad.  Tampoco se trata de que dejemos lo que nos sucede en manos de los demás, o inclusive del Universo, (pues también se vale pedirle al Universo lo que deseas que suceda en tu vida), pero sí se trata de encontrar el equilibrio entre aquellas cosas que sí están en tus manos y las que no, y aprender a ACEPTAR  a los demás, con todo el paquete que incluyen.

    Ahora, si de plano hay algo que te es imposible aceptar, como vivir en un lugar peligroso, en un país que se nubla la mitad del año, en un lugar de trabajo donde sufres de abuso o maltrato,  entonces entra la posibilidad de negociar, o sea, encontrar la manera de hacer las paces y de encontrarte a gusto con esa persona, situación o lugar.  Y si de plano tampoco puedes negociar, existe una tercera opción que es renunciar.  Salirte de ese escenario, buscar otro trabajo, irte a otro país, buscarte otra pareja… etc.  Lo que no se vale, es vivir en esa situación, trabajo o con esa persona, y encontrarte quejándote todo el día de que “¿¿por qué no es así???”, “¿otra vez sale con lo mismo???”.  Y digo no se vale, porque lo único que consigues con eso es estresarte y llevarte directito al camino de la ansiedad.

    Mi invitación

    Fluir…. como las tortugas de Nemo.  Pero hablando más en serio, aceptar, aceptar y aceptar.  Aceptar inclusive que tienes estrés y ansiedad, aceptar que quieres controlar todo lo que sucede en tu vida y que por lo mismo te cargas de más presiones y frustraciones cuando eso no se cumple, aceptar que has aprendido a pensar de ciertas maneras no tan saludables y positivas, como lo es el pensar en términos de “todo o nada, siempre o nunca, todos o nadie”, o pensar que tienes que cumplir ciertas cosas, que deberías de ser, tener o hacer.  Aceptar tu pasado, aceptar tu presente, aceptar a tu familia como es, aceptar a tu pareja como es, aceptar que muchas veces no sabes qué hacer, aceptar que tienes múltiples necesidades, aceptar que lo único que sí está en tus manos, es la manera en la que decides reaccionar a como son los demás y a las situaciones, y que tú decides qué camino tomar, en qué lugar trabajar y con quién estar. 

    Te recomiendo que tomes esas decisiones una vez que ya aceptaste todo lo demás, pues una vez que lo aceptas, empiezas a ver con otros ojos a los demás y a las situaciones que te rodean.  Pero es casi imposible tomar una decisión mientras te encuentres en la queja y en la molestia de que las cosas no son como quieres.  Es un hecho que lo que está ahí afuera ya es, ya está sucediendo, la otra persona así es, en fin, no puedes hacer nada para cambiar lo que ya sucedió, lo que ya está sucediendo.  Pero lo que sí puedes cambiar es la manera en la que reaccionas a eso y la manera en la que lo afrontas.

    Entonces yo diría que el antídoto contra la enfermedad de “controlitis”, consta de tres cosas:

    1.- aceptación de todo tal y como es

    2.- amar a todos y todo tal y como son

    3.- confiar en que todo es así por alguna razón

    Toco aquí el tema de confiar, porque en realidad el que tú y yo queramos controlar todo lo que sucede, es porque en algún momento de nuestras vidas aprendimos que cuando las cosas salen de control, estamos en peligro, (al menos porque así nos sentíamos), y que es mejor tomar una postura de control, o sea, pensar de qué manera deberían de ser las cosas, nos escapamos de la realidad, dejamos de ver las cosas como son, y optamos por hacernos la historia en nuestras cabezas de cómo deberían de ser, frustrándonos cada vez que no sucede así, y aumentando nuestras ganas de controlar. 

    Entonces yo te diría que no te preocupes o auto flageles si sabes que te encanta querer controlar a todos y todo, date chance pues así lo has aprendido a hacer, pero ahora te invito a que aprendas otra manera de afrontar lo que te estresa día con día, y es permitiéndole ser como es, aceptándolo, amándolo así como es, y tomando una decisión de qué quieres hacer al respecto.  Pero intenta por favor evitar estar todos los días quejándote de lo que no te parece, pues lo único que consigues con eso es aumentar tus niveles de estrés y con eso, tu ansiedad.  

    En lo personal creo que lo que realmente está en mis manos es mi equilibrio y paz interior, y claro que le doy chance de que se altere de vez en cuando, pero yo soy quién puede regresar a ese hogar interno en el que dejo que las cosas y las personas sean como son, y así encuentro su razón perfecta de ser.

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    Psico. Fabiola Cuevas
    Fundadora de Desansiedad

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